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Teologia y Simbolismo del Dolar

Teologia y simbolismo del dolar

El signo situado en la parte de atrás de los billetes norteamericanos de un dólar actuales de curso legal (la parte delantera porta entre otros elementos, una imagen del primer Presidente de los Estados Unidos de América, George Washington, y el microbuho que, en el ángulo superior derecho, se oculta) repito, el signo en forma de pirámide que aparece en el susodicho billete, sólo en apariencia es una “pirámide truncada”.

La figura en cuestión tiene trece estratos; en el inferior, en números romanos, aparece la cifra: 1776. Este es el año con el que se inicia la Revolución Norteamericana que dará como consecuencia la fundación de la nación que hoy conocemos como Estados Unidos de América. Los trece estratos o escalones simbolizan las trece colonias que tomaron parte en el proceso de independizarse de la Corona inglesa. Sobre estos trece estratos materiales (la pirámide truncada, propiamente dicha) se eleva un triángulo luminoso con un ojo en su centro.

La cúspide de la pirámide se destaca pues como perteneciendo a un material diverso y respondiendo a una hermenéutica distinta que la que ha guiado la elaboración del resto de la figura. Ojo-Luz-Conocimiento… Emblema de que el Todo es más que la suma de las partes. Hierofanía solar, plena y clara.

Catorce estratos pues, el superior cualificado por una mayor sutileza en su composición material y por un potencial de irradiación y de inteligencia evidente. ¿Qué significa esto?
En el Mito de Isis y Osiris, paradigma arquetípico del Misterio de la Muerte y la Resurrección, Set da muerte ritualmente a Osiris, su hermano, y descuartiza su cuerpo en catorce fragmentos, que desperdigará seguidamente a lo largo y ancho de la Tierra.

Isis, amorosa y fiel, recuperará, uno por uno, estos fragmentos a lo largo de diversas peripecias. El último de los fragmentos, el falo mismo de Osiris, tendrá un destino peculiar, será devorado por un pez(emblema de las aguas y de lo Inconsciente), siendo su recuperación más dificultosa y exigiendo de la celestial paredro, del arquetipo egipcio de la fertilidad propiamente dicho, un “descenso a los infiernos” (similar al realizado por la diosa babilonia Ishtar).

Representación alegórica del Misterio Supremo, esta recuperación de lo separado, esta reunificación o coagulación, se resuelve en la última etapa que involucra al falo, emblema de sabiduría e inteligencia en diversas culturas(confróntese su influencia en el sivaismo y en el dionisismo).

Pirámide completa y no truncada, preñada de sentido y plena en su autonomía simbólica, dotada de una vitalidad inmarcesible, lejos de las conchas huecas en que han devenido, a pesar del consenso masivo y bovino, las religiones de esclavos.

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