Segundo grado masoneria simbolica

Este segundo grado de la masonería simbólica en el cual habéis sido admitido, es el resultado natural de vuestros esfuerzos en el primero: habiendo aprendido, tenéis que probar, o sea demostrar en la práctica, con una actividad fecunda, vuestros conocimientos y reconocimientos interiores. En esto esencialmente estriba la cualidad de Compañero, u Obrero de la Inteligencia Constructora, que se ha convertido en tal como resultado de un aprendizaje fiel y perseverante.

El sentimiento de solidaridad o compañerismo que nace de tal íntima comunión, es o debería ser la característica fundamental de este grado masónico. El Aprendiz, en virtud de sus conocimientos todavía rudimentarios, y de su simbólica incapacidad para una Obra realmente eficiente, por no haber sido todavía probadas su perseverancia y firmeza.

Por lo tanto, en este segundo grado de la masonería simbólica, la cualidad de Compañero debe agregarse a la de Aprendiz de manera que, sin que cese el esfuerzo para aprender y progresar, esta actividad se haga fecundos y productiva, según lo expresa el sentido de la Palabra que indica el pasaje del primero al segundo grado.

Así, pues, por haber sido admitido en un grado superior, no debéis olvidar vuestra instrucción de Aprendiz, ni tampoco dejar de seguir estudiando y meditando el simbolismo del primer grado:

Así como al grado de Aprendiz, buscando la contestación a la pregunta ¿De dónde venimos? le compete el estudio de los orígenes primeros de nuestra Orden, según lo hemos visto en el primer grado, así igualmente es especial competencia del segundo grado de la masonería simbólica contestar a la pregunta ¿Quiénes somos?, estudiando la historia de la Masonería Moderna.

Los inicios de la Masonería, según actualmente la conocemos, se deben principalmente al estado de decaimiento en que se encontraban a fines del siglo xvii los antiguos gildes de constructores, así como las demás corporaciones de oficio, que habían florecido en los siglos anteriores, alcanzando su apogeo cerca del fin de la Edad Media.

Las causas de este decaimiento fueron por un lado el disminuir del fervor religioso que siguió a la Reforma, de manera que la construcción de las iglesias fue cediendo su lugar a la de otros edificios profanos, tanto públicos como privados; y por el otro, un grado mayor de especialización de los obreros en sus respectivos trabajos, y la falta de conveniencia por parte de éstos, de seguir reuniéndose en gremios organizados para la práctica de un arte determinado.

Precisamente por esta razón, en el mismo siglo XVII se había extendido la práctica de admitir en esos gildes de constructores a miembros honorarios (o aceptados masones), aun enteramente extraños a la práctica del arte de construir, pero que cooperaban para sostenerlos material y moralmente.

Para que la Masonería se haga más efectiva y su labor en el mundo más eficiente necesita, y necesitamos los masones, ser “más compañeros” para con toda la humanidad en su conjunto, y vital el significado de esa palabra.

Poco nos queda que añadir a las anteriores palabras, escritas antes de que la segunda Guerra. Europea ensangrentada el mundo, extendiéndose también a nuestro hemisferio, pero cuando ya, sin embargo, su sombra amenazadora había aparecido en el Oriente.. .

Muchas veces, como en el caso presente, la gran lección de la Cooperación, que hace posible la realización de toda Idea o Ideal, no puede aprenderse sino como resultado de una lucha más o menos encarnizada entre las dos partes, ya que precisa mente ambas necesitan aprender esa lección, como condición indispensable de su convivencia sobre la tierra.

Esa misma lección de la Cooperación es también, como se ha dicho, el tema fundamental del grado de Compañero. Y tal vez se debe al hecho de que sea aún tan poco comprendida y practicada la Cooperación Voluntaria, que tan poco y raramente se trabaja en la Cámara de este grado, a pesar de la profunda hermosura de sus símbolos rituales.

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