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Movimientos Esotericos y Ocultismo Moderno

Movimientos Esotericos y Ocultismo Moderno

Nos sería mucho más fácil la comprensión de las condiciones que prevalecen actualmente en el mundo del pensamiento, si nos tomáramos el trabajo de contrastar ciertas diferencias básicas y ciertas ideas o tendencias, a fin de encontrar la relación que pueda existir entre ellas. Ningún movimiento es enteramente erróneo y ninguno está completamente libre de error.

Ningún grupo de pensadores es el depositario de toda la verdad; ninguna Escritura ni Instructor alguno nos dice todo cuanto se puede saber acerca de Dios y de Sus Obras. La cuestión de exactitud o error es de carácter personal e individual, pues nadie es guardián de su hermano ni puede regirle la conciencia.

Las distinciones que hemos de establecer pueden compendiarse en dos grupos principales: Las relacionadas con la forma externa y la enseñanza interna de cada movimiento, o sean los aspectos esotérico y exotérico de la verdad expuesta; y las resultantes de la vieja era que agoniza, e indicadora de la advinente influencia de la nueva era.

I

No tenemos para qué ocuparnos de la verdad exotérica. Las formas religiosas y de pensamientono son más que indicaciones de vida  y crecimiento. Son semblanzas deformadas de una realidad interna; son las interpretaciones simbólicas que la mente humana ha dado de la verdad, que cambian de época en época y de ciclo en ciclo. Aparecen y desaparecen; vienen y van; mientras duran cumplen un objeto útil; después de pasadas se las considera como limitaciones. Las formas por que pasa el pensamiento colectivo, sea vasto como el de las grandes religiones o limitado como cualquiera de las sectas o ismos insignificantes, tienen muy similar historia y siguen un curso análogo. Tienen su período de inserción, cuando la visión se percibe en su prístina belleza y el ideal se vislumbra en toda su gloria y continuidad. Algún pensador clarividente, algún gran Instructor desciende del Monte de la Iniciación, anuncia la verdad y describe la visión. Así aparece la primera forma. A medida que trascurre el tiempo, sigue un periodo de crecimiento, durante el cual la verdad se va encubriendo más y más y la visión se aleja. Finalmente nos encontramos con una religión, una ciencia o un arte expresados en fórmulas dogmáticas, leyes, rituales, y doctrinas, con el acostumbrado atavío de enseñanzas autoritarias y exaltados instructores. A medida que la forma se desarrolla, la vida se debilita; pero entre tanto se cumple un propósito y muchos utilizan la verdad así encarnada. Sigue a esto la decadencia, acompañada de la cristalización y la revuelta de los pensadores contra las limitaciones impuestas. Entonces se pone de manifiesto la inutilidad de la forma, que eventualmente se destruye, con la consiguiente liberación de la vida, a fin de que ésta se construya una más adecuada expresión. Así ha ocurrido y así ocurrirá siempre; aunque a medida que la humanidad avance en inteligencia, armonía y sabiduría los ciclos, de crecimiento, edad madura y muerte serán menos bruscos, más graduales y de tránsito más suave. Nos encontramos actualmente en una época en que la destrucción de vetustas formas y anticuadas doctrinas está en su apogeo; y este período de revolución y dificultad excede de lo usual, porque no sólo estamos pasando de las condiciones anteriores a la guerra, a una era de expansión y desarrollo, sino que pasamos de un gran ciclo solar a otro. El del pasado nos revelará que análogas épocas terribles se distinguieron siempre por tan radicales cambios en las condiciones económicas, sociales, raciales y religiosas, como si asumiera nueva forma el mundo. Los ciclos a que nos referimos no son meramente astrológicos, sino hechos astronómicos que se pueden comprobar en cualquier observatorio. Bajo estas formas exotéricas, sea al iniciar su manifestación, en pleno desarrollo o en decadencia, subyace oculta y esotérica la vida causante de su existencia; el impulso espiritual que produce lo tangible. De consiguiente, los movimientos denominados esotéricos tratan del aspecto subjetivo, del alma residente en las
formas, del aspecto vida en contraste con el aspecto material y objetivo. El verdadero esoterismo alcanza las raíces del ser de todo hombre, y se ocupa del aspecto de la humanidad que llamamos inmortal y eterno. Trata de la causa del pensamiento, de las emociones y de la acción. Se esfuerza en expresar y colocar en primer plano de la conciencia los persistentes impulsos divinos que se manifiestan en la intensa actividad de las transformaciones que caracterizan a toda la naturaleza, incluso al hombre. Es lo subyacente en todas las fórmulas religiosas, en toda investigación científica, en todo impulso económico y en todo rumbo básico que tome el organismo social. En cuanto a la entidad humana, el ocultismo o exoterismo, concierne al alma manifestada por medio del mecanismo cerebral, emocional y mecánico, aquella parte de si mismo de la cual el hombre conoce todavía muy poco; pero que hace de él lo que es. El verdadero esoterismo no es, como generalmente se supone, una profunda enseñanza dada con rituales ceremoniosos, bajo juramento de sigilo, sino un interno despertamiento espiritual que reconoce un despertamiento similar, o espiritualidad potencial, en todos los demás seres humanos, y la vida latente en todas las formas. Estos son los movimientos u organismos que vamos a considerar, en vista de su gran importancia y responsabilidad. Lo comprendan o no a ellos corresponde la función de dar la tónica y de indicar la dirección que tomarán las más nuevas y completas presentaciones de la verdad. De la labor que dichos organismos desarrollen dependerá la calidad y suficiencia de las religiones, organizaciones y grupos que entrañarán el orden social que ha de prevalecer durante el periodo de estabilidad que inevitablemente ha de sobrevenir después del actual periodo de transición y dificultad.

II

A medida que comprendemos el significado de la vida y sus formas, y estudiamos los tiempos en que vivimos, nos damos cuenta de que estamos en el fragor de un dificilísimo período de transición. Dos métodos actúan simultáneamente: el nutrido, desenvuelto y utilizado en el pasado, todavía muy poderoso e influyente; y el que indica las nuevas tendencias y se caracteriza por las cualidades incipientes denotadoras de la nueva era. El dilema ante el cual el mundo se encuentra ahora deriva de que ambos métodos están en actividad al mismo tiempo, y unos individuos se dejan influir por uno o por otro, mientras que otros les oponen resistencia, a la vez que otros observan el conflicto con espantosa perplejidad. La influencia del signo de Piscis, que se está desvaneciendo, y la del ascendente signo de Acuario, que se está acentuando, determinan el caos general que se manifiesta en todas las esferas del pensamiento y ocasionan los conflictos que surgen entre los obreros de pensamiento y los de acción, en todas las esferas. Por la comprensión de estas dos modalidades de influencia y la consideración de las diferencias entre los movimientos que las representan llegaremos a ciertas conclusiones provechosas, que acaso nos muestren un curso más directo y menos escabroso. La humanidad ha pasado por muchos períodos de transición como el presente, de los cuales siempre ha salido beneficiada, estabilizada, y con una expansión de conciencia, un desenvolvimiento intelectual y un desarrollo de lo que podría llamarse genéricamente la idea de Dios, que han servido de base a un nuevo y más grandioso templo de la humanidad, completo en todas sus partes. El curso de nuestro Sol en su ronda por los cielos y su paso progresivo por los doce signos del Zodíaco es tan inevitable como el tiempo.

Cada ciclo solar ha visto a nuestro planeta sujeto a diferentes modalidades de fuerza, que se han manifestado en la diversidad de civilizaciones y culturas. Una breve ojeada a los dos ciclos que precedieron a la era cristiana (o de Piscis) esclarecerá la idea. Aproximadamente 5.000 A. antes de C. nuestro Sol pasó por el signo de Tauro. Fue el periodo de la adoración del Becerro, tal como se practicaba en los misterios Caldeos, de Mitra y Egipcios. El Becerro era el símbolo y signo del Hijo de Dios, el Cristo Cósmico, cuyo supremo símbolo y expresión era el Sol. Fue el gran signo de la Voz. Oráculos y Sibilas regían las actividades colectivas e individuales. El pueblo aprendió a obedecer implícitamente a lo que oía y de allí proviene la adhesión a la palabra hablada, y la creencia, aún prevaleciente, en la inspiración verbal de las Escrituras. Las gentes recibían dirección externa y nadie se dirigía desde su interior, excepto las almas avanzadas que guiaban los destinos de los demás. La dispensación. hebrea se inauguró 2.500 años antes de C. El sol pasó entonces por el signo de Aries, el Cordero, dando origen a la institución del Cordero Pascual, la época en que se sacrificaban ovejas, cabras y corderos en lugar de los bueyes que se inmolaban en los sacrificios anteriores. Es interesante notar, que el pecado de los hijos de Israel en el desierto consistió en la adoración del becerro de oro, o la vuelta a una vieja forma de adoración, que la raza debía haber trascendido. El establecimiento del gran altar de los sacrificios en el Tabernáculo y Templo hebreo y del mar de bronce en el recinto externo con los doce bueyes, simbólicos de lo subyacente, daba a entender que la humanidad, enseñada hasta entonces por medio de la Voz y por tanto con la obediencia irresponsable del niño, debía en adelante saber que existía una naturaleza animal, un aspecto fundamental que había de subyugarse por el sacrificio y la voluntaria purificación. Así tenemos la base de la gran expansión que sobrevino cuando el Sol entró en el siguiente signo y se inculcó la idea del esfuerzo individual. Después nuestro Sol empezó a cruzar el signo de Piscis, y hace 2.000 años se inició la dispensación cristiana. El gran Maestro de Galilea está siempre asociado en la mente de los hombres con el símbolo del pez. Escogió pescadores por discípulos y los envió por el mundo para que fueran «pescadores de hombres». Fue con ellos frecuentemente a pescar y muchos de sus milagros se relacionan con los peces. Un pez dibujado en la arena era signo secreto para los primitivos cristianos, y se le ve frecuentemente representado en las catacumbas, y la Iglesia ha perpetuado esta idea en la recomendación de comer pescado los viernes y otros días de ayuno. ¿No hay un profundo significado subyacente en estos sacrificios del toro, del cordero y del pez en las ceremonias religiosas, tal como se desenvolvieron sucesivamente a medida que el Sol fue pasando por los signos zodiacales, Tauro, el toro; Aries, el cordero; y Piscis, los peces? En el presente ciclo hemos tenido el desenvolvimiento del corazón como medio del acercamiento a Dios; la era del devoto y la sublimación de la naturaleza emocional y su elevación a los cielos en la persona de grandes santos, místicos e instructores de la Iglesia. La característica de la época presente es el
sacrificio del individuo y de su martirio por amor a la gran Personalidad que encarnó la Idea divina. Dijo Cristo: ¿De qué aprovecha al hombre si granjease todo el mundo y perdiese su alma? En respuesta, los hombres han recalcado la necesidad de la salvación personal y el desenvolvimiento, a toda costa, del principio Cristo en sus corazones. En el Cristo se dio al mundo la revelación de un alma perfecta y la representación de una posibilidad divina al alcance de todo hijo de hombre. ¿Cuál fue el gran mensaje de Cristo? Salva tu alma. Nada dijo de las congregaciones, sino que la gran enseñanza consistió en que debíamos trabajar por nuestra propia salvación, alcanzar la perfección individual y regular nuestra conducta de acuerdo con las reglas dadas en el sermón de la montaña. La misma idea puede verse expresada en las enseñanzas del Baghavad Gita con respecto al Ego y a los sistemas yogui, que enseñan el desenvolvimiento del Yo Superior. ¿Cuál ha sido el efecto de estas enseñanzas? La era de Piscis, como ninguna otra, se ha distinguido por el gran número de personalidades eminentes que en el transcurso de ella han aparecido. Hemos tenido grandes hombres y grandes mujeres dotados de características divinas, en todas las fases de la vida. Con relación a la masa total de la humanidad, su número es relativamente escaso; pero sus nombres brillan en todas las fases de nuestra civilización: religiosa, política, social, artística y científica, pues el principio Cristo no se manifiesta exclusivamente en el fervor religioso y en la devoción, sino que se manifiesta en todo hombre que alcanza grandes alturas en cualquier actividad constructiva, sea arte o ciencia y cuyo genio se eleva sobre el término medio. Quien haya encontrado el Cristo divino en si mismo sobresaldrá en su campo de actividad, que no ha de ser necesariamente religiosa. Ahora estamos pasando paulatinamente de la era de Piscis, de este ciclo, predominantemente cristiano, a la era de Acuario, el Aguador. Aunque han de transcurrir lo menos 500 años antes de que se complete el tránsito, ya notamos la influencia de la nueva era sintiéndola, cada vez con mayor fuerza, hasta que llegará a ser dominante. Conviene advertir que Cristo, como todos los grandes Instructores del mundo, no solamente encarnó la tónica para el ciclo que El representaba sino que se relacionó con la nueva era y manifestó la unidad de la fuerza de vida. Así dijo: “Yo soy el agua de vida.” Agua es el símbolo de la nueva era y quizás la influencia de Acuario subyazga en la idea de la prohibición de bebidas alcoholicas y en la creciente tendencia de la gente a utilizar el agua en el baño y otras muchas aplicaciones en la vida, que la mayoría de las gentes desconocían hace cinco siglos. ¿Cual será la tendencia de la nueva era? Servicio y labor colectivos. Ya no se dará tanta importancia a la salvación individual, sino que el individuo que se haya encontrado a sí mismo se entregará y sumergirá su interés en el de la colectividad. Los individuos desarrollados, cuyo número irá creciendo rápidamente, llevarán el agua de vida a todos. La conciencia colectiva predominará y se tratará de satisfacer las necesidades comunes.

III

Los métodos empleados en la era de Piscis son diferentes de los que se emplearán en la de Acuario; los resultados perseguidos, son en muchos casos, bastante diversos, y la, nota tópica de cada era es muy diferente. Tal vez alcanzaremos más clara comprensión del punto en que nos hallamos y de cuál debería ser nuestra actitud, si comparamos estos dos grandes movimientos y analizamos sus características y sus beneficios, lo mismo que sus inevitables riesgos. Desde luego que no echaremos de ver el peor aspecto de las tendencias de la era de Acuario, pues sólo se manifestarán en toda su fuerza al final. El gran Maestro de la edad de Piscis, el Cristo, dio la tónica a sus discípulos en las palabras: . Las ovejas aprenden a seguir al pastor y toman y aceptan el alimento que se les da. Así pues, el método empleado ha sido el de la obediencia a la autoridad impuesta y seguir al guía. Las enseñanzas fundamentales se refieren a la naturaleza de Cristo y de ellas trata precisamente el Nueva Testamento. La enseñanza de la Iglesia ha tenido por objeto indicar la manera de seguir el ejemplo de Cristo y cómo alcanzar el cielo para estar con El en un sentido personal. Los reiterados mandatos de: -Este es el camino – ; – Sigue al guía – ; – Haz como te digo – ; – Estas son las reglas -, ha sido el método indicado y adecuado. Se ha fomentado deliberadamente el desarrollo de las emociones y del corazón porque tal era la necesidad de la raza humana. El deseo se ha transmutado en aspiración y el sentimiento se ha transferido al cielo. Se ha predicado la devoción personal al Cristo y muchos ofrecieron gustosos y voluntariamente su vida por el amado guía. Se ha mantenido en alto el ideal y se ha estimulado un divino fanatismo para sostenerlo. Así pues, idealismo, aspiración, devoción y aptitud para reconocer al jefe, la obediencia al mismo, han sido las cualidades que la raza ha desarrollado y ahora encuentran su culminación en la digna, pero a veces irrazonable idolatría, hacia los directores, primates y figuras eminentes en todas las actividades de la vida. Mientras estas cualidades se han desarrollado y se ha dado gran impulso a sus tendencias, se han deslizado los siglos y ahora entramos en las etapas finales del ciclo y nos aflige el periodo de cristalización con todas sus inherentes turbulencias. El culto a los líderes y la consecuente tendencia al proselitismo ha dado origen a una situación en extremo deplorable. Mientras el único líder reconocido fue el divino Hijo de Dios y las reglas del discipulado cristiano se observaban fielmente en la iglesia primitiva tan perseguida, algunos alcanzaron grandes alturas de devoción e intensa pureza de carácter y el fiel devoto estaba salvaguardado por su ideal y su idealismo. Pero aquellos días pasaron hace tiempo y ahora nos encontramos con un estado de cosas en que el mundo está lleno de líderes que claman por ser reconocidos y miles de individuos siguen devotamente a tales personalidades; mientras que otros miles, con la misma devoción, los combaten. ¿Cómo hemos venido a parar en este estado de cosas? La razón no es difícil de descubrir. Salvo que el hombre sea un Cristo de Galilea o un Gautama Buda, el ansia de atribuirse títulos engaña y extravía. El efecto de esto en el público en general y en este momento de la historia del mundo, es pernicioso en extremo. El intento de hacer que la gente acepte tales títulos y que reconozca el derecho a ellos a quien los pretende para encaramarse en un pedestal y anunciar así su interpretación de la Verdad, como tal Verdad, impide ver las realidades y sofoca la inspiración. Quien se proclama a sí mismo, o a otro, como el Ungido o representante del Señor, no hace más que jugar con la credulidad de las gentes ingenuas. Alienta en ellos el engreimiento que nace de atribuirse una maravillosa intuición por reconocer al pretendiente; el amor al poder porque ese reconocimiento los congracia con el líder reconocido y la ambición de entrar en intima asociación con él y brillar con gloria refleja. “Venid con nosotros”, dice un líder de grupo, “porque se nos han confiado enseñanzas negadas a otros”. Guiados por la idea de que se le ofrecen privilegios especiales, el buscador, perfectamente sincero, acude prontamente. Se publican anuncio de sistemas exclusivos para desarrollar los poderes del alma y poner al estudiante en el camino del éxito, de la buena salud, de la popularidad y de beneficios extraordinarios; se dan entrenamientos para fines puramente egoístas; y el aspirante, descontento y cansado de tanto buscar, cae en la trampa. Las órdenes secretas y las fraternidades con reuniones y escritos velados en el misterio y en el secreto atraen a los incautos; pero tras aquéllas, como araña en su tela, se esconde una personalidad con todo el aparato del poder organizado. El
que muchos de estos líderes sean sinceros y que la inmensa mayoría de sus secuaces lo sean casi enteramente, no tiene nada que ver con el problema que plantea la pretensión a títulos que se atribuyen instructores de toda clase, buenos malos e indiferentes, cuyos oráculos y afirmaciones incomprobables causan gran daño a quienes los escuchan y con patética credulidad les siguen.

 

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