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Ciencia y Masoneria [EXPLICADA AL DETALLE]

CIENCIA Y MASONERIA

El autor de este trabajo no es filósofo, ni epistemólogo. Mi información es fundamentalmente médica, psiquiatríca y Psicológica. Por lo tanto, inútil será buscar en estas páginas una erudición de la cual carecen.

Sin embargo, su lectura puede ser estímulo necesario para el replanteo de estos temas, tan pertinente dentro de la escuela de Sabiduría que es la Masonería. El hombre siempre ha estado y estará en búsqueda de la verdad. Desde la respuesta animista, hasta la religiosa y positivista, han sido ecos para la pregunta siempre repetida: “Cómo somos”, “Cómo es el mundo que nos rodea”, “Qué es la vida”, “Qué es la muerte”.

Este trabajo es un aporte a la búsqueda de esa Verdad. Más exactamente, cuáles son los posibles derroteros por donde debe transitarse para intentar encontrarla. Además prevenir sobre aquellos itinerarios tentadores, pero que inevitablemente nos llevarán lejos de nuestra meta. La realidad humana es compleja. La ciencia pretende iluminar solamente un área de la misma; el arte, por ejemplo, representa otra área igualmente importante.

No podríamos elegir entre la teoría de la evolución, de Darwin y el Guernica, de Picasso, por más que en estos cuadros hay mucho de verdad histórica y en el evolucionismo mucho de belleza formal. Por ello, las reflexiones de estas páginas se refieren a la verdad científica y en los métodos utilizados para la determinación de conocimientos sobre la realidad biopsicosocial del hombre.

Sin embargo, al hablar de “verdad científica”, cabe una aclaración. La ciencia no busca hipótesis verdaderas: pretende que sean verosímiles, de valor operativo Y refutable. El concepto de “Verdad” con mayúscula es extraño al pensamiento científico. Este más bien está lleno de muchas “verdades” con minúscula.

Precisamente acá reside su extraordinaria fortaleza. El fanatismo por una idea es extraño al pensar científico. Este debe ser lo suficientemente flexible para poder incluir los nuevos hechos permanentemente descubiertos.
Este trabajo es parte de una verdad: aquella en la cual el autor cree. Pero justo es explicitar que considero a todas estas páginas como introductorias de otros trabajos, donde queden reflejados otros aspectos de la verdad que aca solamente esbozamos o directamente omitimos.

Sobre Ciencia y Razón

El lema de la Masonería es “Ciencia, Justicia, Trabajo”. Esta invocación nos remite en su premier término al
objetivo de este apartado. Pero ¿qué entendemos por Ciencia?. Como toda definición, la que propongo es valida tanto por lo que afirma como por lo que omite. Pero si tomamos la definición solamente como una excusa para reflexionar, bien podemos tomarla sin temor a que nos limite.

Entendemos por ciencia: un modo de conocimiento que aspira a formular,. Mediante lenguajes rigurosos y apropiados y, en lo posible, como auxilio del lenguaje temático, leyes por medio de las cuales se rigen los fenómenos. (Ferrater Mora). El conocimiento científico debe incluir un elemento descriptivo, ser pasible de comprobación experimental, y tener valor predictivo.

Se ha asimilado el conocimiento científico al conocimiento objetivo de la realidad, lo cual es totalmente cierto.
Desde el punto de vista operativo, diremos de todos modos que la ciencia es una actividad esencialmen-
te humana, cuyo objetivo es la búsqueda de un tipo particular de conocimiento, para lo cual un respeto inclaudicable por la realidad es imprescindible.

Aún con el riesgo de que se considere mi afirmación como “objetivista”, diría que el mundo “ es como es y no como somos nosotros”. El verdadero investigador científico debe estar, dentro de sus límites, exento de prejuicios y deseos personales. No pretendemos que no los tenga. Lo que si es imperioso, es que no interfiera ostensiblemente con su investigación. Ignoro si Pasteur tenía especial interés en que la generación espontánea de vida fuera posible.

Sin embargo, su famosos experimentos que demostraron que toda forma de vida proviene de una forma de vida anterior, destruyeron para siempre la teoría de ese entonces, profundamente arraigada de la generación espontánea. El ingenio y paciencia demostrado por Pasteur en esta oportunidad es uno de los capítulos más importantes de la Historia de la Ciencia.

Toda teoría científica debe tener valor explicativo-causal predictivo. En un ensayo Einstein decía “El pensamiento y el método científico se diferencian de los corrientes en la mayor precisión de los conceptos y en la más cuidadosa y sistemática selección del material experimental, así como en la sobriedad de la lógica”.

Entiendo por tal es esfuerzo de reducir todos los conceptos y relaciones al menor número posible de ellos. En otras palabras: la ley de gravitación universal, obra del genio de Newton, permite explicar y predecir tanto el comportamiento de un sólido que cae, como el giro de los planetas en sus respectivas órbitas.

Es por ello que la Ley de gravitación Universal permite reducir innumerables fenómenos a un principio general de acción. Es justamente esto, lo que significa “reducir” todos los conceptos al menor número de ellos. Ahora bien: si el hombre es capaz de “Ciencia” debe haber una facultad, especialmente humana, que lo posibilite. A esta denominamos Razón.

Entendemos por tal la posibilidad de alcanzar conocimiento de lo Universal y necesario, de ascender hasta el reino de las ideas, ya sea como esenciales ya como valores, o ambos, (Ferrater Mora) De acuerdo con este concepto, la Razón humana incluye el intelecto. Por tal entendemos la capacidad de enunciar premisas lógicas y efectuar razonamientos inductivos y deductivos. Sin embargo no se limita a él.

La Razón humana está ligada a la comunicación simbólica, base del lenguaje humano, y en otras palabras: es la Razón la que nos guía en el descubrimiento de una teoría científica, pero también nos permite apreciar a una obra artística, compararla con otras producciones del mismo autor, evaluar su importancia y originalidad, desde ya muchas veces el impacto efectivo de una obra determinada puede llegar a bloquear totalmente o en forma parcial nuestro pensamiento.

Si al escuchar la Patética de Tchaikowsky nos emocionamos profundamente, es posible que no estemos en condiciones de evaluar la técnica musical del pianista, ni la justeza de la dirección de la orquesta.mPero no solamente una obra de arte puede impactarnos emocionalmente. Cualquiera que haya leído los pacientes experimentos de Mendel con las arvejillas, que le permitieron formular las leyes de la herencia genética, no dejará de emocionarse por el tesón y la humildad de este monje.

Contemplar la bóveda celeste en un planetario, puede llegar a despertar emociones análogas a la de un cuadro de un pintor famoso. Aún recuerdo la viva emoción que sentía al terminar de leer “Los dioses tienen sed” de Anatole France, pero no fue menor la que experimenté la primera vez que contemplé una colonia de pingüinos en su ordenamiento majestuoso y pacífico.

Es habitual describir un cierto antagonismo entre afecto y razón: La famosa antinomia entre hacer co-
sas “con la cabeza” o “con el corazón”. Hoy se sabe que esto refleja un conflicto entre dos tipos de razón, la analítica, que corresponde al funcionamiento del hemisferio cerebral izquierdo, y la olística, patrimonio del hemisferio cerebral derecho.

Es notable, por ejemplo, que muchos ejercicios de meditación, característicos de muchas filosofías orientales, son en realidad estímulos específicos para el hemisferio cerebral derecho. Producen por lo tanto, un tipo de conocimiento “global”, cualitativamente diferente al que se consigue con ls estimulación del hemisferio cerebral izquierdo, que es deductivo y parcelar. De todos modos, es la Razón humana resultante de la fabulosa especialización de nuestro cerebro, quien comanda nuestra función intelectual y afectiva.

III Metodología de la investigación

En la investigación científica pueden distinguirse dos contextos: uno denominado de descubrimiento y el
otro de justificación o prueba. Recién después de pasar este segundo nivel, podemos hablar de conocimientos científicos. Ahora bien: es evidente que el primer contexto, posibilita al desarrollo del segundo. Y es el primer contexto donde obra especial importancia otra facultad humana, que el hombre comparte con muchos animales, y que se denomina intuición. Por tal entendemos la visión directa inmediata de una realidad, a la comprensión directa inmediata de una verdad.

Es condición para que haya elementos intermediarios que se interponga en tal visión directa. Los caracteres de la intuición son: directa, inmediata, completa, adecuada. Es evidente que estas características son opuestas
a las del razonamiento deductivo. Sin embargo, si recordamos lo expresado en el párrafo anterior, nada impide considerar la intuición como una función del razonamiento olístico totalizador del hemisferio cerebral derecho.

De todas maneras, y a los efectos operativos, mantendremos la diferencia entre razón e intuición. Veamos un ejemplo de esto: en una habitación un perro está echado, dormitando apaciblemente. De pronto se sobresalta y queda en posición de alerta. Intuye la presencia del amo. Ruidos apenas perceptibles o directamente inaudibles para el oído humano, un olor característico lo pone sobre aviso. El perro posee en ese instante de un conocimiento del que antes carecía.

Si lo verbalizáramos, podríamos decir: “mi amo ha llegado”. Sin embargo, resulta claro que este tipo de conocimiento no podemos denominarlo científico. Inclusive podrá establecerse un reflejo condicionado, el animal tendrá la misma reacción a la misma hora todos los días. Esto, por supuesto, en el caso de un amo especialmente puntual y metódico. A esta facultad denominamos intuición sensible, ya que depende de un registro sensorial para poder ejercerse.

 

 

 

 

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